..Quizás el mayor desafío, frente a nosotra/os mismos, sea  el  percatarnos de que, y pese a la separatividad que nosotra/os misma/os hemos creado, respecto a las demás personas, siempre hemos sido, y seguiremos siendo, UNO..

El ser humano, ha vivido, desde siempre, autoconcibiéndose como separado del resto, sólo por poseer una INDIVIDUALIDAD, única e irrepetible, que lo DIFERENCIA  de otros mortales; sin embargo, esta separatividad, sólo existe en su mente, ya que el hecho de ser personas “únicas e irrepetibles”, si bien nos vuelve seres singulares, imposibles de “reproducir”-ni aun siendo clonados-, no indica que nuestra ESENCIA sea diferente; lo único que nos diferencia, es nuestra propia personalidad, con todos y cada uno, de sus matices…..

Por lo tanto, una vez asumido esto, sobreviene la toma de conciencia, de que tal separatividad, ni siquiera existe, ya que compartimos la misma ESENCIA ( SOMOS TODOS SERES HUMANOS).

De acuerdo a esto, estamos en condiciones de afirmar que todos somos UNO; uno con Dios, (o con el Universo; con la Energía Creadora, o como queramos llamarle), y por consiguiente, todo aquello que vemos en los demás, es sólo una proyección de nosotra/os misma/os..Es decir; todo lo que vemos en otra persona, sea bueno o malo, está también presente en nosotros; por ejemplo, si en determinado momento, observamos algo en otra persona, que nos resulta desagradable, significa que, de alguna forma, esa característica que nos desagradó en ella, también está presente en nosotra/os.

El día en que lleguemos a tomar cabal conciencia de esto, estaremos en condiciones entonces, de concebirnos como una unidad con todo lo que existe; una unidad inquebrantable; incuestionable; indisoluble, destinada un día, a ser UNO con el Creador, retornando así, a la UNIDAD original. 

MARÍA NELLY SALINA

ENERO 2020

 

 

 

 

 

 

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